
Te guardas el orgullo donde nadie pueda dudar de que lo tenés.
Y así vas, sin perder el objetivo, pidiendo dos cuando querés tres.
Ya estoy bien, ya me ordené en mi desorden, y aquellas voces no me hablan más.
Por favor, mentime y dame la espalda, otra vez no quiero patinar.
Y firme yo, me encierro en que es peor, amar y envejecer.